El perro que celebra un gol de Brasil está haciendo otra cosa muy distinta

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Estos días, se ha viralizado un vídeo de un perrete en el Mundial 2026. En el vídeo vemos a un perro en mitad de la celebración de un gol, pero ¿por qué está dando vueltas? La escena es la siguiente: Brasil anota un gol y, de repente, todo cambia: aparecen los gritos, las personas se levantan, aumenta el movimiento y el entorno se vuelve mucho más imprevisible. ¿Es la conducta del perro «que celebra el gol de Brasil» normal?

El perro empieza entonces a correr en círculos alrededor de las mesas y, en algún momento, intenta alcanzar su propia cola (y no sabemos si «morderla», porque no se ve). Desde fuera puede parecer que está participando en la celebración. También podríamos irnos al extremo contrario y afirmar que estamos viendo un problema grave de ansiedad. Probablemente, ninguna de esas dos lecturas resulta suficiente.

Una conducta puede no ser beneficiosa y, aun así, ser adaptativa

Así, grandote. Y ahora…

¿Qué estamos viendo realmente?

Podemos describir la conducta como un zoomie, un FRAP o una descarga motora asociada a un nivel elevado de activación. Correr, girar o intentar alcanzar la cola pueden ser maneras de «hacer algo» con toda esa activación: descargar energía, atravesar el momento e incluso recuperar cierta estabilidad. (El cuerpo va a tender siempre a recuperar la «homeostasis», por lo que, si esta conducta permite una regulación, será funcional.)

Sin embargo, debemos recordar algo fundamental: solo estamos viendo unos segundos de vídeo. No sabemos qué estaba haciendo el perro antes, cuánto tiempo llevaba expuesto a ese ambiente, si esta conducta aparece habitualmente ni cómo se recupera cuando termina la celebración.

Por eso, es importante no asegurar que conocemos exactamente su estado emocional o la función de la conducta.

No podemos hablar directamente de ansiedad

La ansiedad implica una respuesta relacionada con la anticipación de algo que todavía no está ocurriendo. Con este vídeo no sabemos si el perro ya estaba anticipando la celebración, si había vivido situaciones similares anteriormente o si mostraba señales de malestar antes de que comenzaran los gritos.

Por lo tanto, no podemos afirmar que el perro tenga ansiedad ni que vaya a desarrollar ansiedad anticipatoria en futuros contextos parecidos. Lo que sí podemos decir es que la conducta visible resulta compatible con un nivel de activación muy alto y con una situación probablemente estresante para él.

También conviene diferenciar entre un estresor y una respuesta de estrés: el ruido, los gritos, el movimiento repentino y la imprevisibilidad pueden actuar como estresores; en cambio, la forma en que responde el perro dependerá de su historia de aprendizaje, de su experiencia previa y de las posibilidades que tenga para gestionar la situación.

Adaptativo no significa beneficioso

Este es quizá el punto más importante. Una conducta puede no ser saludable, agradable o deseable y, aun así, cumplir una función adaptativa en un momento concreto. Dar vueltas no convierte la situación en positiva. Tampoco significa que el perro esté disfrutando o que debamos exponerlo deliberadamente a contextos similares.

No obstante, esa respuesta puede ser una de las herramientas que tiene disponibles para atravesar un pico de activación. Adaptativo significa que la conducta puede ayudar al perro a responder a lo que está ocurriendo en ese instante. No significa que sea la mejor opción posible ni que resulte beneficiosa si se mantiene, se intensifica o empieza a aparecer con frecuencia.

Por eso, en lugar de preguntarnos únicamente si una conducta es «buena» o «mala», también deberíamos preguntarnos: ¿qué está intentando resolver el perro con ella?

Desde mi perspectiva profesional, un episodio puntual de alta activación no equivale automáticamente a una patología o a un problema conductual.

Para valorar su relevancia habría que observar:

  • si el perro puede detenerse;
  • cuánto tarda en recuperar un comportamiento funcional;
  • si la conducta aparece únicamente en situaciones muy concretas;
  • si empieza a generalizarse a otros contextos;
  • si se vuelve repetitiva o estereotipada;
  • y si interfiere con su vida cotidiana.

La capacidad de recuperación es tan importante como la intensidad de la reacción. Un perro puede activarse muchísimo durante unos segundos y recuperar después cierta estabilidad. Por el contrario, también pueden mostrar conductas aparentemente menos llamativas, pero permanecer alterado durante mucho tiempo.

No podemos valorar el bienestar del perro únicamente por lo espectacular que resulte la conducta.

El contexto y la historia de aprendizaje

También debemos tener presente que no todos los perros llegan a una situación con la misma experiencia. En contextos de Latinoamérica (o la India también, por ejemplo) existe una presencia más habitual de perros en situación de calle o de perros cuya vida está muy vinculada al espacio público.

Estos animales pueden haber crecido expuestos diariamente al tráfico, las multitudes, los comercios, los ruidos, las celebraciones y los movimientos humanos. Por descontado, esto no significa que vivan mejor ni que sean inmunes al estrés. Tampoco tiene aquí una connotación positiva o negativa.

Significa, simplemente, que su historial de exposición, aprendizaje y habituación puede ser muy diferente a la de un perro que ha crecido en un entorno doméstico de Japón, Estados Unidos o España. Un perro puede desenvolverse dentro de un ambiente objetivamente intenso porque lleva años aprendiendo a hacerlo. Además, algunos perros en situación de calle conservan cierta capacidad para elegir dónde colocarse, cuándo acercarse o cuándo aumentar la distancia.

En cambio, un perro familiar puede experimentar mucho estrés en una terraza aparentemente tranquila (típico perro que no sabe parar quieto en la terraza de un bar) porque apenas está habituado a ese contexto, permanece sujeto con una correa y no tiene posibilidad de alejarse. La intensidad del entorno no depende únicamente del número de estímulos; también depende de la experiencia del perro, de su previsibilidad y del control que conserva sobre la situación.

No todo estrés es una patología

No todo comportamiento relacionado con el estrés necesita ser demonizado. El estrés forma parte de la vida y las conductas que aparecen para responder a él también.

Sin estrés, no haríamos nada. (Literalmente: es lo que te empuja a levantarte de la cama y moverte.)

La cuestión no es evitar cualquier activación, sino valorar si el perro dispone de recursos suficientes, si puede recuperar después cierta estabilidad y si el entorno le permite tomar decisiones. Una conducta puntual puede ser la manera que encuentra el perro de atravesar una situación demasiado intensa.

Eso no convierte la situación en ideal, pero tampoco significa, por sí solo, que estemos ante un problema grave de ansiedad. Antes de poner una etiqueta, necesitamos observar el contexto completo: qué ocurrió antes, qué sucede después y qué historia trae consigo ese perro.

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