Ralphie, el bulldog francés que nadie quería es un ejemplo de por qué los perros no pueden ser felices en protectoras

Es un bulldog francés: Ralphie, que monta en patinete o skate.

Un perro con apariencia tierna que era todo un terremoto, dicen los titulares. Un bulldog francés que hacía la vida imposible a todo aquel que quería adoptarlo. A partir de aquí, la prensa se ha centrado en presentar cómo la familia adoptante ha reconducido los instintos «desbordantes» de este Daniel, el Travieso canino con el patinete, pero…¿eso es todo? Qué peso tiene aquí la correcta estimulación mental? ¿Un buen ambiente en el que vivir? ¿Salir del estrés de la protectora? ¿Un correcto periodo de adaptación?

Según la noticia en La Vanguardia:

«No era una exageración: su energía desbordante y su temperamento difícil ya le habían valido varios intentos fallidos de adopción. El pobre Ralphie fue devuelto al refugio dos veces por familias que, aunque bien intencionadas, no lograron domar su carácter explosivo. Así que, cuando quisieron darle una oportunidad, vieron que el animal no iba a poner de su parte. «

En el diario, se vende (una vez más) como una historia de película. Un perro difícil de adoptar que recibe una tercera (y hasta una cuarta) oportunidad, la familia se implica a tope, le enseña un ejercicio molón (ir en skateboard o monopatín) y el perro cambia. Pero ¿es esto realmente lo que ocurrió?

Como cierra el artículo antes citado: «parece adorar la sensación del viento en su pelo», pero, sobre todo, gracias a la educación canina ha «calmado su temperamento», que no deja de ser una forma bonita de decir que ha reconducido y saciado sus instintos y necesidades. Y no lo ha hecho gracias al skate, que habrá ayudado, sino a los cursos de adiestramiento y las pautas de modificación de conducta, o eso parece deducirse.

Lo que hay fuera del refugio

Cuando un perro sale de protectora, necesita un periodo para entender y adaptarse a su nueva rutina. Muchas veces, las familias no entienden esto.

Incluso un perro que se comporta a las mil maravillas en el refugio, puede empezar a responder con comportamientos poco deseables fuera. Alguien que lleva 3 años en la cárcel, tiene que adaptarse a vivir en sociedad: ¿la libertad será mejor? ¡Por supuesto!, pero puede costar lidiar con ello. Y los seres humanos tenemos la capacidad de razonar y pensar de forma abstracta, un perro no puede hacerlo al mismo nivel.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Ralphieland (@ralphieland)

Una rutina básica

Por ello, enseñar a Ralphie, el bulldog francés, con paciencia y constancia habrá sido básico, pero también ofrecer una rutina que incluya enriquecimiento y estimulación de la mente.

Enseñar unas normas básicas a un perro (sentarse, caminar con una correa, responder a órdenes simples) pueden tener un efecto positivo casi inmediato.

Además, a menudo, hay conductas que resultan todavía más difíciles de modificar mientras se repitan (como estirar de la correa, en lugar de dar una alternativa, o ladrar a otros perros como llamada de atención cuando nuestro can los ve). En el momento en el cual cambiamos la estructura diaria, cambian muchas otras cosas.

Un entorno más favorable

De igual modo, el cambio de entorno suele ser algo positivo con relativa rapidez.

Fuera de un refugio de animales, los niveles de estrés y ansiedad son menores (huele menos a estrés, hay menos animales con conductas estereotipadas, menos ladridos, menos competencia por los recursos…). El bulldog francés de la historia encontró una rutina más previsible, con enriquecimiento diario (parques, monopatines, ejercicio, olores) y unas actividades más acordes con sus necesidades.

La protectora, (necesario) lugar de paso

Los perros enfrentan numerosos desafíos en una protectora, especialmente ciertas razas que requieren un mayor enriquecimiento o que han tenido una vida más estable y predecible hasta entonces. ¿Son un refugio necesario? Sin duda, pero allí estrés se acumula en todas las esquinas: la falta de una rutina individualizada, sobrestimulación y condiciones poco previsibles afectan a los animales, dificultando su bienestar emocional y adaptabilidad.

En ese contexto, las casas de acogida y las adopciones responsables representan la solución más adecuada. Estos lugares permiten que el animal reciba atención y cuidados personalizados, y que su proceso de adaptación se dé de manera natural. Por desgracia, es una opción que queda lejos de poder ser la mayoritaria.

En la historia de Ralphie, el skate es lo de menos. Es un ejemplo más de que los animales necesitan tiempo, paciencia y un entorno acorde a sus necesidades para que puedan equilibrar su conducta y ser felices. Por encima de una historia viral, lo que realmente mejora la vida de estos animales es una familia comprometida, un ambiente saludable y un enfoque educativo adecuado.

En cualquier caso, este bulldog francés parece un caso complejo, por mucho que los diarios endulcen los titulares. Y, por suerte, ha tenido más suerte que el 99 % de los perros en protectora.

Deja una respuesta

Compártelo:

Entradas relacionadas

¿Te envío contenido muy animal? Sin spam. ;-)