Hace unos días hablábamos sobre el deteriorado estado de salud mental que tienen los veterinarios en España y en todo el mundo. Sin embargo, el mundo del perro engloba también a otras figuras como educadores, etólogos, trabajadores en protectoras…
Sin embargo, la salud mental de profesionales caninos parece no tener cabida, ya que en la actualidad no existen estudios que valoren los niveles de estrés, fatiga por compasión o incluso la precariedad que viven en su día a día.
Sofía Märtens, etóloga, nos habla sobre salud mental y profesionales caninos
En Dog Ventura, hoy tenemos la suerte de poder contar con el testimonio de Sofía Märtens, etóloga medio granaína medio alemana, creadora del «Perricole» en España. Lleva siendo voluntaria en protectoras desde los cuatro años y en su juventud, se marchó a Múnich para estudiar allí la carrera de etología. En la actualidad ejerce como profesional de la etología de forma autónoma en Granada, dando seguimiento individual y clases grupales a casi un centenar de perros.
P: ¿Qué es lo que más afecta a la salud mental de profesionales caninos? ¿Nos podrías dar algunos ejemplos concretos?
R: Lo que más afecta a mi salud mental en realidad es la gestión con las personas, porque muchos problemas de los perros vienen creados por los humanos y mi trabajo es explicárselo de la manera más noble para que no les afecte tanto. Luego, a veces hay casos muy complicados y familias desestructuradas… Para mí eso es un proceso difícil. O veo casos de perros que necesitan ayuda y no se lo puedan permitir.
También me afecta que a la gente le parezca caro mi trabajo, cuando al final no saben lo que hay detrás: toda la carga mental que hay. El trabajo no es solo durante la sesión, también hay mucho después haciendo informes, protocolos, responder mensajes, etc. Hay muchísimo trabajo detrás.
Por otra parte, hay gente que de repente no quiere hacerse cargo de su perro. Lo que más me frustra realmente es que la gente crea que nosotros arreglamos los problemas en una sola sesión. Me toca explicarles que el trabajo con un perro es de por vida, que nunca es lineal y que yo no hago magia, que al final los que tienen que cambiar muchas dinámicas y estructuras son ellos.
Por último, otra cosa que afecta a mi salud mental, es toda la gente que compra razas que no están nada adaptadas a su forma de ser y estilo de vida. Cuesta mucho buscar un equilibrio en esos momentos para que el perro también pueda ser feliz.
P:¿Crees que a veces se aprovechan de que este trabajo es muy vocacional?
R: Yo creo que se aprovechan de ver a una persona empática. Entiendo que muchas personas no se llevan a lo personal su trabajo, pero yo soy muy sensible y muy empática y lo que realmente me interesa es que el perro esté bien. Evidentemente, tengo que llegar a final de mes y sobrevivir, como todos, pero yo trato a todos los perros como si fuesen míos y yo quiero que el perro esté como si fuese mío. A veces me involucro demasiado, la gente lo nota y creo que se aprovechan de esa parte de mí.
P:Los veterinarios tienen un título universitario, pero dentro de la etología y la educación canina, en España la formación no está tan regulada como en Alemania. ¿Sientes que los clientes te valoran como profesional? ¿Tienes que estar convenciendo y poniendo límites a menudo?
R: Yo siento que los clientes a día de hoy me valoran muchísimo porque al final te haces un nombre con el paso de los años. Pero yo sé que al principio la gente era insegura, no conocían los términos etólogo y educador canino, solo se había escuchado el adiestramiento. El adiestramiento siempre había sido llevado por hombres, o sea, una figura femenina trabajando con perros no se había visto. A mí me han soltado comentarios que no se le habrían hecho a un hombre: «¿eres capaz de coger a un perro de 60 kg?» «¿Tienes fuerza?» «¡Es que es agresivo!»
Y al final te tienes que estar haciendo valer y la gente tiene que ver que tú eres capaz y eso me da pena. Me gustaría que se me valore desde el principio siendo mujer sin tener que hacerme valer. Al final una se dedica a esta profesión por pasión y por querer ayudar.
En cuanto a la titulación y profesionalidad, la gente que llega a mis manos, suelen ser personas que ya han pasado por varios profesionales y llegan con desesperación. Eso me crea un poco de ansiedad porque me dicen que soy su última oportunidad y que «si no lo arreglo» el perro… Es un poco la sensación de que quieren quitarse al perro de encima, aunque luego no sea así. De todas formas, algunos casos requieren muchísima paciencia. Siempre tenía la duda de si en España había el mismo nivel de conciencia que en Alemania y gracias a mi profesión me he dado cuenta de que sí. En España hay familias maravillosas también, completamente capaces y que lo dan todo por sus perros y eso es una alegría.

Si te gusta lo que estás leyendo, puedes apoyarnos para seguir creando más contenido de calidad invitándonos a un café o a través de Patreon.

