Un par de trucos para dar la pastilla a un perro sin que la escupa. Es tan sencillo como asociar experiencias positivas

Un par de trucos para dar la pastilla a un perro sin que la escupa. Es tan sencillo como asociar experiencias positivas

Dar una pastilla a un perro puede convertirse en un verdadero reto. Muchos la escupen, la huelen aunque la ocultemos en su comida o te lo ponen muy, muy difícil. Desde los perros que se niegan a abrir la boca a aquellos que te hacen una jugarreta final (cuando creías que ya… sí… ¡ahora!, pero no).

En este artículo, voy a explicarte la solución real al problema: asociar la pastilla con experiencias positivas para que tu perro la acepte sin problemas. Dicho así, suena abstracto, pero tampoco quiero ofrecerte «trucos para dar la pastilla al perro» sin que entiendas por qué pueden funcionar o no.

En ese caso, quizá este post de Kiwoko para probar rápido varios métodos, te interese más. Y no, ese artículo no está mal, pero (a mi modo de ver) te vende cinco trucos que, a grandes rasgos, son el mismo.

En este caso, vamos a simplificarlo en dos enfoques que realmente funcionan. Si lo entiendes, no solo te servirá para dar una medicación, sino que también podrás aplicarlos a muchas otras situaciones del día a día con tu perro.

La experiencia «pastillil» como algo positivo

La mayoría de los perros, en un inicio, no tienen una visión «negativa» sobre una pastilla. No es nada. Ni bueno ni malo: es neutro. (Sobre la existencia real de las cosas neutras, hablamos otro día.)

En este caso, es relativamente fácil hacer que lo relacione con algo que le guste. ¿Y si lo rechaza? Entonces, podemos cambiar esa percepción negativa por una positiva. En ambos casos, la clave está en vincular la pastilla con una recompensa agradable.

Ejemplos prácticos:

  • Cogemos «chucherías» o comida sabrosa. Para dar la pastilla al perro, envuélvela en queso, paté o un trozo de carne para que el perro no solo la coma sin problemas, sino que la asocie con algo placentero.
  • Recompensar después de tomar la pastilla: Si no puedes esconderla, dale algo que le encante justo después de tragarla, como una golosina especial o su juguete favorito.

En ambos casos, no hay ningún problema por el hecho de que el perro vea la pastilla (sé previsible).

También puedes asociar dos o más «estímulos» (darle algo durante y, luego, después), lo que te ayudaría a mantener la asociación y a retirar el premio progresivamente (dándoselo más tarde y, tras varias repeticiones, reduciendo la entrega del «premio»).

Por el contrario, si el perro rechaza la pastilla, puedes plantear una desensibilización progresiva (en realidad, lo que te voy a contar a continuación es una extinción). En este caso, puedes darle primero trozos de la comida en la que la ocultarás, sin pastilla, varias veces hasta que confíe. Luego, introduces la pastilla en una de esas porciones, asegurándote de seguir dándole comida sin pastilla después.

El objetivo es simple: que tu perro n

Evitar que el perro detecte la pastilla

Si el problema es que tu perro tiene una gran habilidad para detectar medicamentos y escupirlos, puedes impedir que lo note. ¿Es una solución mejor? No, pero normalmente será más rápida (lo cual, para mucha gente se asocia rápidamente a mejor).

En este caso, «camuflas» la pastilla que le vas a dar a tu perro dentro de una textura o sabor que lo oculten de forma total (dependerá del medicamento) o parcial (algo olerá, pero le compensa).

Ejemplos prácticos:

  • Usar alimentos con textura pegajosa, como mantequilla de cacahuete, yogur natural o queso crema, que cubran completamente la pastilla y dificulten que la separe de la comida. En mi experiencia, esto a veces no funciona y enseñas a tu perro a «lamer pastillas» (en este caso, no repitas varias veces).
  • Darle varias golosinas antes y después: Si le das varios bocados de algo delicioso antes de incluir la pastilla, comerá rápido y sin sospechar. Puedes continuar con más bocados después para reforzar la experiencia positiva. Si te fijas, la única diferencia entre la extinción de arriba y esta opción es que tú quieres (arriba) o no quieres (aquí) que el perro perciba la pastilla.
  • Hay snacks diseñados para esconder medicación que se venden para esto. No tengo gran experiencia con ellos, pero he visto que funcionan con bastantes perros, si bien no me atrevo a recomendarlos (creo que hay opciones mejores, y también más rápidas, y baratas).

Por último, si el vínculo con tu perro es bueno, no es inseguro y tolera manipulaciones (tocarlo, coger las patas, abrir la boca), puedes abrir su boca y poner la golosina en la boca o en la garganta para que trague. La anatomía propia de los cánidos (sus músculos están diseñados para presionar hacia abajo, pero menos fuerza para abrir) está de tu parte. Incluso aquí, lo ideal sería: darle comida varias veces (depositándola en la boca) y, luego, entregar la pastilla (también en la boca) y esperar a que trague.

¿Lo recomiendo? No. ¿Lo he hecho? Por supuesto: hay perros y perros y, a veces, necesitamos entregar medicación con urgencia, pero eso no debería ser excusa para no trabajar un modo cooperativo para dar una pastilla a tu perro.

Aplicable en otras rutinas

Este artículo es una simplificación. Recuérdalo. Dar una pastilla a un perro se reduce a un par de principios básicos del aprendizaje: las asociaciones positivas cambian la percepción del perro sobre un estímulo (condicionamiento clásico) y lo que ocurre después de una conducta puede aumentar o reducir su probabilidad de emisión (operante).

Si entiendes esto, podrás aplicarlo a muchas situaciones cotidianas:

  • Si tu perro tiene miedo al cepillado o al corte de uñas, puedes hacer que lo vea como algo positivo con el mismo método.
  • Si quieres que acepte nuevas personas o entornos, puedes seguir esta lógica de refuerzo positivo.
  • Si hay algo que necesitas que tolere mejor (por ejemplo, ponerle gotas en los oídos), también puedes usar este sistema.

Profundizando: «Dar una pastilla a un perro»

Si te interesa conocer los principios conductuales que explican estas estrategias, todo se reduce a tres procesos básicos del aprendizaje asociativo:

  1. Asociar un estímulo neutro (EN) con un refuerzo positivo (Er+). Si la pastilla no tiene una connotación negativa para el perro, simplemente podemos vincularla con algo positivo (comida, caricias, juego) hasta que la acepte de manera natural.
  2. Convertir un estímulo negativo (Er-) en un refuerzo positivo (Er+). Si el perro ya ha aprendido a rechazar la pastilla, es necesario hacer un contracondicionamiento: asociar la pastilla con una recompensa potente para cambiar su significado.
  3. Evitar que el perro perciba el estímulo. Si el problema es que el perro detecta y escupe la pastilla, podemos trabajar en camuflarla por completo en un alimento atractivo para que no la note. Muchas veces, un mal trabajo de contracondicionamiento (con perros reactivos, por ejemplo) topa con este problema: evitar que los perros pericban el estímulo cuya asociación queremos empezar a modificar.

Estos mismos mecanismos son aplicables a muchas otras situaciones en la educación canina, como el miedo a ciertos objetos, la manipulación veterinaria o incluso la socialización con personas y perros.

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