Por petición de un par de clínicas afines a mi trabajo, he preparado una guía para que las familias y tutores caninos puedan crear una rutina de visitas equilibrada, respetuosa con el carácter de sus perretes y, sobre todo, tranquila.
A continuación, os dejo un enlace al documento (ahí arriba, primer párrafo; por si queréis descargarlo, así por la patilla, e incluso compartirlo, utilizarlo, lo que sea) y la lista de consejos en el blog.
Preparación: antes de la visita veterinaria
- Si el perro no tiene que ayunar, puedes llevar algunos premios para entregar durante la espera o tras la visita con el objetivo de positivizar la experiencia.
- Haz prácticas similares a la exploración veterinaria en casa: puedes tocar sus orejas, patas o realizar manipulaciones suaves del perro para acostumbrarlo.
- Si el perro ya ha mostrado miedo en anteriores visitas, consulta a tu veterinario si puedes hacer visitas breves en las que no siempre deba ser atendido y premia con distintas chucherías esa experiencia.
- Intenta llegar con tiempo a la clínica y observa el entorno desde fuera: avisa, pero no entres si hay muchos perros y crees que tu perro puede ponerse nervioso: en este caso, mejor da un paseo corto por los alrededores hasta que te avisen.
- Si tu perro es muy sensible o tiene algún problema de comportamiento, lo ideal es que preguntes si hay una zona apartada en las instalaciones o puedas enseñarle a estar tranquilo en un transportín de viaje.
- Si tu perro se pone nervioso en el coche, prueba a realizar trayectos breves y “positivos” en días previos a la visita.
- Evita saludos forzados con otros animales o personas: puede haber perros enfermos o con problemas de comportamiento, agravados por la falta de espacio.
- Es muy IMPORTANTE que el guía o tutor mantenga la calma: los perros leen nuestras emociones y pueden “contagiarse” de ellas.
Manejo respetuoso, durante la consulta
- Si tu veterinario no conoce al perro, explícale cómo es su carácter y si hay algo relevante que tenga que saber por la seguridad de todos.
- Informa de cualquier señal de miedo o comportamiento “conflictivo” en la clínica o en otros momentos, como gruñidos, temblores, intentos de escape…
- Usa distintos tipos de premios (o refuerzos), como la comida, pero también las caricias y tu propia voz, si tu perro lo acepta bien. ¡Si trabajas en otros entornos, eso que llevarás ya ganado!
- Estar cerca y hablarle con calma puede ayudar, pero también conviene seguir las indicaciones del veterinario si te piden separarte unos momentos (siempre te explicarán el porqué).
- Deberías poder permitir pausas durante la exploración, siempre que sea posible, para evitar cambios bruscos en el comportamiento y ofrecer momentos de alivio, sobre todo, si las manipulaciones estresan a tu perro.
- Nunca castigues señales de incomodidad, como gruñidos, jadeos o rigidez: son avisos que nos ayudan a prevenir más problemas.
- Si tu perro ya ha tenido episodios de agresividad, o necesita bozal, acostúmbrale a esta herramienta con tiempo para que no suponga un castigo añadido.
Tras la visita: volver a la calma
- Siempre que sea posible, te recomendamos realizar un paseo tranquilo o una sesión de juego para cerrar bien la experiencia en el veterinario.
- Evita forzar al perro a socializar con otros animales o personas tras una consulta estresante
- Durante las horas siguientes, observa su estado general: ¿come?, ¿descansa tranquilo?, ¿hay algún cambio en su comportamiento?
- Puedes volver otro día a la clínica, solo para entrar unos minutos, premiar y salir, si el personal lo permite (seguro que sí). Esto ayuda a que no todas las visitas estén asociadas a manipulaciones, estrés o malestar.
Pide ayuda si…
- Si tu perro muestra miedo o agresividad en el entorno veterinario.
- Si se niega a entrar en la consulta o intenta escapar.
- Si ladra, gruñe o muerde en visitas rutinarias.
- Si tras la visita cambia su comportamiento en casa.
Un educador canino puede ayudarte a preparar visitas sin miedo y a trabajar la cooperación en manipulaciones médicas: cepillado, vacunación, curas…
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Una publicación compartida por Javier Ruiz, educador canino en Barcelona (@jruiz.dogventura)

