¿Alguna vez te has preguntado por qué tu perro tiene miedo de los ruidos, de otros perros o de personas, incluso sin haber tenido malas experiencias? Si bien el entorno y la socialización de un perro son claves, la ciencia ha demostrado que se puede «heredar el miedo».
Y la forma en la que seleccionamos y criamos a los perros, especialmente en relación con equis razas, puede ser parte del problema.
¿Qué es el miedo en perros?
El miedo es una emoción básica que aparece ante una amenaza real o anticipada. En el perro, y en cualquier organismo, cumple una función adaptativa, porque activa respuestas de huida, defensa o bloqueo. Además, si esta emoción se vuelve frecuente, intensa o desproporcionada, podemos hablar de fobias.
Para seguir mejor el artículo, ten presente estos tres conceptos:
- Ansiedad es cuando se anticipa una amenaza, aunque ese estímulo concreto no está presente.
- Aversión: el animal rechaza un estímulo (aversivo) que le resulta desagradable, como un ruido fuerte, sin que medie una respuesta emocional intensa.
- Fobia, que genera reacciones extremas e incontroladas ante un estímulo concreto (truenos, aspiradora, desconocidos).
En los canes, el miedo a ruidos fuertes (Sánchez-Salcedo, J. A., 2017) es uno de los más comunes en perros. En casos severos, puede deteriorar gravemente su bienestar y generar reacciones peligrosas e incluso autolesiones, cuando el entorno en el que vive el animal resulta complejo de gestionar para él o ella.
¿Los perros pueden heredar el miedo?
Por regla general, hablamos mucho sobre comportamientos aprendidos debido a una experiencia negativa, pero el miedo también se puede heredar. Además, esta no es una idea nueva —como apuntaban desde Doogweb aquí—, en los años 60, se realizó un famoso estudio (Scott y Fuller, 1965) que demostró que los rasgos conductuales (el comportamiento) tienen un fuerte componente genético en los perros. Para ello, se analizaron durante años (décadas, en realidad) a cinco razas diferentes y constataron que el comportamiento, incluida la reactividad o el miedo se podía heredar, seleccionándose y transmitiéndose entre generaciones.
Estas hipótesis se han reforzado varias veces a través de evidencias genéticas concretas, como un estudio con más de 300 pastores alemanes en la Universidad de Helsinki, publicado en la revista Nature (Salonen et al., 2019), donde se identificaron regiones genéticas implicadas en el miedo a extraños y la sensibilidad al ruido. Estas zonas del genoma están relacionadas con neurotransmisores clave como el glutamato y la dopamina, que participan en la regulación emocional y el procesamiento del miedo.
También en Nature, se publicó un estudio con perros gran danés (de nuevo: Sarviaho et al, 2020) donde se observó que el miedo a personas desconocidas Los perros con este perfil eran homocigotos en esa región, mientras que los perros sin miedo no lo eran. Ambos trabajos refuerzan la idea de que la predisposición al miedo tiene una base hereditaria importante. En pocas palabras: no se hereda el miedo concreto, sino la facilidad con la que puede desarrollarse una respuesta fóbica.
La selección por razas y el problema del contexto
Uno de los puntos más relevantes es cómo la selección por razas ha potenciado o eliminado ciertos rasgos, que no siempre encajan con la convivencia actual con las familias.
En este sentido:
- Durante las primeras etapas de la domesticación, los humanos seleccionaron perros más dóciles y menos agresivos hacia las personas, por lo que esta selección concreta es probable que eliminase rasgos como la agresividad hacia el dueño.
- En cambio, muchas razas modernas (por ejemplo, un malinois, un pastor alemán o un gran danés) han sido seleccionadas para funciones concretas: perros de guarda, pastoreo, caza o compañía. Y esto ha dejado huella en su temperamento y predisposiciones.
Para aterrizar esta idea, muchos perros d guarda (como el pastor del Cáucaso, el gran danés o el malinois) han sido seleccionadas durante generaciones para vigilar a través de la desconfianza hacia los desconocidos. En este contexto, esa desconfianza puede traducirse en inseguridad, miedo o reactividad ante ciertos estímulos.
De igual modo, un border collie presenta una necesidad constante de control y una alta sensibilidad para el pastoreo, lo que dependiendo del entorno puede presentar reacciones de miedo en ciertos entornos (un caso típico son las grandes ciudades y la predisposición a la conducta de fuga). En entornos urbanos ruidosos, poco predecibles y saturados de estímulos, razas con alta sensibilidad sensorial como los collies o pastores belga pueden desarrollar reacciones de huida o sobrecarga emocional.
Tampoco podemos olvidar que las líneas de belleza muchas veces han sido seleccionadas sin atender a los estándares conductuales, lo que ha favorecido (no pocas veces) la transmisión de características «menos estables emocionalmente» que sí se ajustaban a estándares físicos.
Heredar miedos también afecta a la salud
Diversos estudios han mostrado que los perros con fobias o miedo crónico tienen una menor esperanza de vida. La razón principal es el estrés oxidativo generado por la activación constante del sistema de alerta (Huerta Jiménez et al., 2005), lo que puede producir daño celular, alteraciones del sistema inmunológico y cambios de comportamiento que alteran la respuesta emocional.
Por descontado, heredar miedos también aumenta la probabilidad de comportamientos que utilizan la agresividad, la huida (conducta de fuga, escapismo), así como los trastornos vinculados a la salud: en especial, aquellos digestivos y relacionados con el descanso.
Además, se ha comentado a menudo que, puesto que los perros comparten un entorno social muy similar al nuestro, tiene sentido investigar modelos comunes sobre la heredabilidad del miedo en cánidos y humanos, en especial, en los trastornos de ansiedad. A diferencia de los ratones, los perros muestran fobias, compulsiones y ansiedad por separación (separación emocional) de forma similar a las personas. Por eso son una ventana única para entender cómo se relacionan la genética, el entorno y la conducta.
Los test genéticos no pueden detectarlo
Si bien cada vez más empresas ofrecen análisis genéticos, hoy día estos no pueden predecir si un perro desarrollará una fobia concreta. No obstante, sí pueden indicar ciertas predisposiciones o mutaciones asociadas, pero el comportamiento final dependerá de la suma de factores:
- Socialización temprana
- Experiencias positivas o traumáticas
- Estilo de vida
- Interacciones con el tutor
Por esta razón, si decidimos adquirir ciertas razas es tan importante que nos esforcemos por un buen acompañamiento (de la familia y de buenos profesionales, si procede). No hay que olvidar que la genética predispone, pero no define (esta entrada sobre Coppinger quizá te interesa para ver la vinculación de genética, comportamiento y forrajeo; y leer las leyes de Mendel quizá te da una idea más amplia), pero sí marca un punto de partida importante que debemos tener en cuenta.
Por ello, elegir un compañero canino, también implica comprender el entorno, las necesidades y las posibilidades que podemos ofrecerle. Lo anterior explica por qué dos perros de la misma camada, con un perfil genético similar, pueden mostrar comportamientos completamente distintos si su entorno y experiencias son diferentes.
El miedo en perros se hereda; a acompañar, se aprende
En conclusión, ciertas razas tienen una predisposición mayor para herear el miedo por razones históricas y genéticas.
Entender esta base es esencial para:
- Prevenir problemas de conducta
- Elegir el perro adecuado para nuestro estilo de vida
- Acompañar a nuestros perros con empatía, sabiendo que algunas reacciones pueden ser más biológicas que voluntarias
Y aunque no podamos cambiar su genética, sí podemos cambiar su mundo.
Lecturas recomendadas
Brilhante, D. P., Santos, R. R., & Zanetti, E. S. (2005). Estrés oxidativo y el uso de antioxidantes en animales domésticos. Revista Científica, FCV-LUZ, 15(6), 588–594. Recuperado de https://ve.scielo.org/scielo.php?pid=S0378-18442005001200002&script=sci_arttext
Overall, K. L. (2002). Fobia al ruido en perros: neurofisiología, diagnóstico y tratamiento. Revista Veterinaria México, 33(1), 15–20. Recuperado de https://www.redalyc.org/pdf/636/63653574002.pdf
Salonen, M., Mikkola, S., Vesalainen, M., Hakanen, E., Sulkama, S., Puurunen, J., … & Hänninen, R. L. (2019). Genetic characterization of fear and aggression in Finnish German Shepherd dogs. Translational Psychiatry, 9, Article 171. https://doi.org/10.1038/s41398-018-0361-x
Sarviaho, R., Hakosalo, O., Tiira, K., Sulkama, S., Mikkola, S., & Lohi, H. (2020). Genome-wide association study implicates chromosome 11 in canine fearfulness. Translational Psychiatry, 10, Article 68. https://doi.org/10.1038/s41398-020-0849-z
Scott, J. P., & Fuller, J. L. (1965). Genetics and the Social Behavior of the Dog. University of Chicago Press. Recuperado de https://gwern.net/doc/genetics/heritable/dog/1965-scott-geneticsandthesocialbehaviorofthedog.pdf
