Hace un par de días, vi un vídeo (de Cabronazi) sobre un par de perros que intentaban sacar de un huerto a una chica que no entendía nada de lo que estaba pasando. Los perros mostraban señales de advertencia, como correspondería a un perro de guarda, o señales de reactividad (si ese no era su trabajo, que no lo parecía).
Ese vídeo me hizo pensar en lo poco que sabemos de perros, en general, pese a tener nuestras ciudades, pueblos y campos llenos y, a menudo, convivir con ellos (en Iberzoo+Propet se mencionaba este año que 1 de cada 4 hogares tiene perro). Por lo tanto, creo que vale la pena hacer un pequeño recordatorio de señales vinculadas con la reactividad, y así evitamos sustos.
Señales de reactividad
Los perros muestran un repertorio gestual y conductual muy amplio. En su mayoría, se estiman (al menos) 30 señales de calma y advertencia, pero con probabilidad muchos cánidos tienen un repertorio más amplio. Esto depende de la crianza, la socialización y el individuo.
El lenguaje de los perros, no obstante, a menudo tiende a malinterpretarse, debido a que un comportamiento (tipología de la conducta) puede tener varias funciones dependiendo del contexto. Por ejemplo, los perros suelen enseñar los dientes o levantar los belfos para marcar un límite; si no funciona, pueden gruñir o marcar. No obstante, también pueden enseñar dientes de forma amplia en momentos de gran excitación (como una sonrisa).
(Si no ves bien el vídeo, amplíalo, o míralo aquí.)
De igual modo, hay señales sencillas y fáciles de comprender y otras que suelen pasar inadvertidas.
En el caso de la reactividad, sobre todo aquella asociada al miedo, tendemos a ver cómo las conductas de evitación (intentar rehuir algo) van aumentando hacia conductas de escape (realizar un comportamiento que el perro considera que puede aliviar o hacer que la situación cambie a mejor). A su vez, la frustración suele mostrar señales más vinculadas con la excitación extrema o la ansiedad, pudiendo malinterpretarse fácilmente.
En primer lugar, vamos a señalar varias señales que pueden ayudarnos a que la situación «no aumente la intensidad».
Girar la cabeza
Un pero que gira la cabeza (o coge distancia) suele estar tratando de evitar que la situación escale. Aun así, esta señal es poco probable en perros que reaccionan con reactividad (sobre todo, si es una conducta reactiva habitual: a perros, personas, etc.), pero, incluso en estos casos, puede ocurrir a distancias mayores del estímulo, igual que olisquear el entorno, intentar alejarse o ladrar.
Bostezo o lamido de trufa
Ambas señales suelen pasar inadvertidas, pero son muy frecuentes en momentos de incomodidad. El perro puede bostezar de forma breve o lamerse la trufa (o sea, «la nariz» o parte frontal del hocico) como un intento de calmar la situación.
Esta es una señal de calma habitual que puede confundirse debido a que se da en múltiples contextos (cansancio, hambre, etc.), por lo que vale la pena observar si se presentan otras señales de incomodidad o tensión que nos confirmen que el perro necesita espacio.
Piloerección
En el vídeo que te mencionaba arriba, la chica confunde el por qué el perro que tiene delante tiene todo el vello de la espalda erizado.
Se trata de una conducta automática (refleja) que el perro no puede controlar y que avisa del estado emocional (excitatorio) del animal. Lo más habitual es la zona de la espalda, hombros y cola, y casi siempre se asocia a excitación «negativa».
Ladrido de advertencia
Los perros ladran por infinidad de cosas, por descontado. Así, un ladrido de atención debería parar si atendemos al perro o nos acercamos levemente. Ladrar como advertencia, en cambio, suele ir acompañado de un lenguaje corporal muy distintivo: el cuerpo tiende a ir hacia detrás (si hay miedo) o el perro se acerca hacia ti de forma frontal (guarda, por ejemplo, un mastín). Si cogemos espacio y el perro «disminuye» la intensidad del ladrido o deja de ladrar, lo confirmaremos.
De nuevo, nos sirve el vídeo mencionado: un primer perro intenta que la chica se dé la vuelta y salga de ahí; ante el acercamiento, un segundo perro (poco socializado) corre hacia la chica ladrando y le da tiempo a subirse a un árbol, y poco más.
Foco o mirada fija
Si un perro te mira fijamente, no quiere que hagas lo mismo. Se trata de un reto visual y suele entenderse como un comportamiento para «medir» una amenaza. Por regla general, la mayoría de los perros no suelen realizar esta conducta a menudo y solo aparece cuando aumenta la inseguridad o la incomodidad.
Escalando las señales de reactividad
En relación con el punto anterior, muchos perros que muestran conductas reactivas por miedo (en forma de escape) o frustración, utilizan su mirada más de lo habitual. El olfato y el oído son sentidos mucho más desarrollados en el perro y muchas intervenciones en problemas del comportamiento suelen enfocarse en reducir el uso de las miradas.
A partir de este punto, además, los comportamientos suelen escalar en intensidad, o sea, ir aumentando tanto en grado o energía como en las veces que aparecen.
Rigidez en el cuerpo y articulaciones
La tensión corporal o rigidez es el más habitual, aunque puede resultar difícil de observar. Fïjate si el perro se queda inmóvil (incluso congelado) o muestra una postura rígida (músculos tensos, cola fija o elevada, y orejas erguidas o hacia delante). En ese caso, estamos ante una señal clara de alerta.
A menudo, esta es la primera opción de muchos perros con un amplio repertorio gestual antes de gruñir o ladrar.
Marcaje con el cuerpo o bloqueo
Si bien no es tan habitual, algunos perros utilizan su cuerpo como una barrera o límite. En este caso, es un comportamiento similar a lo que hacen los perros de guarda (interponerse). Como estrategia de defensa, deberíamos ver a un perro delante, quieto, a menudo con los cuartos traseros fíjamente colocados o cierta tendencia a retroceder sin perder la postura: en este caso, dale espacio y no avances.
Ante conductas reactivas, es habitual que aparezca en el perro: reto visual, ladridos y otras señales aquí detalladas.
Gruñido o marcaje sin contacto
El gruñido es una de las señales más claras y fáciles de identificar y, por desgracia, una de las más castigadas. En todas las clases yo explico: casi siempre, un perro que gruñe no quiere marcar, un perro que marca no quiere morder.
Un perro que gruñe no es un perro agresivo: es un perro que está comunicando. Lo mismo ocurre con los marcajes sin contacto (bocados al aire o sin cerrar la mandíbula). Ambos comportamientos buscan evitar una confrontación real. Escucharlos y actuar a tiempo puede evitar una situación peligrosa.
Por el contrario, a menudo se riñe o castiga esta conducta sin atender al resto de elementos, por lo que los perros empiezan a no realizar gruñidos y, directamente, mostrar comportamientos más directos de incomodidad (marcajes o ataques). Esto puede ocurrir hacia personas, pero también hacia perros en entornos poco beneficiosos (pipicán o parque para perros) para un perro miedoso o inseguro, por ejemplo.
Cambios bruscos de comportamiento
A veces, lo que nos avisa no es una única señal, sino una cadena de comportamientos que se dan en pocos segundos. Un perro que pasa de olfatear tranquilo a tensarse, mirar fijamente, ladrar o saltar, nos está mostrando un cambio de estado emocional.
Identificar cómo «escalan» esas señales es clave para intervenir antes de que llegue a una explosión. La reactividad es la aparición de conductas exageradas que, por norma, no tendrían sentido en un contexto concreto: por ejemplo, un perro quiere oler respetuosamente a otro y este reacciona de forma exagerada, y le ataca.
Sin embargo, cuando hacemos un análisis detallado, no es extraño encontrarnos con que los perros han visto castigadas señales y han tenido que ir recurriendo a comportamientos más y más «exagerados» para ser escuchados.
Entendiendo la reactividad
Los perros no reaccionan de forma desproporcionada sin razón. Su lenguaje está lleno de matices y señales que nos permiten anticipar, prevenir y acompañar de forma segura muchas situaciones de conflicto. Aprender a observar con calma, interpretar con contexto y actuar sin castigar la comunicación es el primer paso para una convivencia más segura y respetuosa.
Dicho esto, hay perros que han tenido malos aprendizajes, experiencias o tienen deficiencias importantes en su socialización. En este caso, entender todas las señales de arriba (te ayudará revisar vídeos y guías, si te interesa, o realizar alguna formación: como el curso de reactividad canina de Dog Ventura) te permitirá tener una base para empezar a actuar en consecuencia.
Las señales de reactividad que nos interesa conocer serán siempre aquellas para empezar a modificar comportamientos y a entender cómo exponer y no exponer a un can a entornos concretos. Por descontado, si estas señales aparecen constantemente necesitamos valorar una modificación de conducta.

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