Mi perro persigue… coches, corredores y bicicletas

Uno de los problemas más habituales con perros se vincula a la persecución o, lo que es lo mismo, el instinto de caza. Cuando te das cuenta de que tu perro persigue cosas en movimiento suele haber pasado algo grave, ¿verdad? Se ha ido detrás de un gato, ha asustado a un ciclista o a un runner o, en definitiva, se ha producido una mala experiencia.

Como cualquier otra conducta, la persecución puede estar asociada a una respuesta condicionada propia del condicionamiento clásico o a una respuesta operante (aprendida en base a las consecuencias) propia del condicionamiento operante, sin embargo, en la mayoría de los casos estamos frente a una pauta de acción modal.

Pauta de acción modal: patrón de respuesta exhibido de forma similar por la mayoría de los miembros de una misma especie. Las pautas de acción modal se utilizan como unidades básicas de conducta en las investigaciones etológicas del comportamiento.

Mi perro persigue por… ¿instinto?

Se podría reducir a un «tu perro persigue porque es perro». Por descontado, esta conducta se irá «puliendo» mediante contexto (condicionamiento pavloviano) y por consecuencias (condicionamiento operante), pero un elefante no trepa árboles, porque no tiene brazos igual que un carlino no persigue cosas como lo hará un galgo o un podenco. Por cierto, soy consciente de que esto no resuelve el problema, pero te ayudará a entenderlo.

Podríamos decir que el instinto varía en función de la genética (filogénesis) y de la evolución de ese individuo (ontogénesis). ¿Podemos evitar que un podenco persiga jabalíes? Sí. ¿Podemos cambiar la predisposición genética de la raza? No (excepto a largo plazo cambiando la raza, pero esa es otra historia).

Mi perro persigue… porque ¿no controla sus impulsos?

Mucha gente entiende que un perro que persigue cosas, no controla sus impulsos, pero es algo más complejo. Más bien, no sabe cuándo debe activar ese instinto de caza y cuándo no o, esa activación, conecta con problemas por falta de actividad, una supervisión escasa, etc.

¿Qué es un estímulo y qué elicita?

Volviendo al artículo que he referenciado arriba, recojo lo que es un reflejo y qué relación tiene con un estímulo elicitante, ¿de acuerdo?

Un reflejo conlleva un estímulo elicitante y su correspondiente respuesta.

Sin entrar en cómo se conectan las neuronas responsables (sensoriales, motoras, interneuronas…), toca entender que no es cuestión de “el perro no controla los impulsos”, sino de que ha ocurrido tantas veces que se ha vuelto una respuesta refleja (1) o que los tiempos que analizamos en la secuencia son excesivamente breves (2) como para entender cómo se operativizan (o sea, qué leches sucede a lo largo de la cadena de eventos entre veo un jabalí > quiero morderle el cuello > me lanzo a perseguirlo).

El reforzamiento de conductas produce, sin embargo, esta idea equivocada de: “mi perro no se controla” (no tiene control de impulsos), cuando lo que queremos decir es: “mi perro no hace lo que yo espero que haga en esta situación”, ¿verdad? Por suerte, tenemos capacidades y conocimientos para modificar las probabilidades, teniendo presente varias premisas:

  • Un impulso puede reducirse, inhibirse o ponerse bajo control, pero un perro sigue siendo un perro: un border collie debe tener un fuerte instinto de pastoreo, un bretón de persecución y un retriever de cobro, por ejemplo.
  • Si no hemos reforzado otras conductas alternativas a edad temprana, nos encontramos con que habrá que controlar, reducir o, preferiblemente, canalizar correctamente estas fases del instinto de caza.
  • Existen necesidades instintivas en los perros, vinculadas al punto anterior. En una pirámide de bienestar, estas necesidades suponen la “obligación” de mantener ciertos niveles estables para el equilibrio (como la homeostasis en el cuerpo). Para entender esto, hay una famosa frase, que dice: fish gotta swimand birds gotta fly,” and suffer if they don’t.

Teoría de los contenedores (necesidad instintiva)

Imagínate que tu perro es un bicho con tres goteras y tres cubos que recogen el agua; los cubos (los instintos) se van llenando paulatinamente; nosotros podemos vaciar estos recipientes de formas muy distintas: podemos esperar a que se llenen y se derramen (no es muy recomendable), vaciar parte del vaso o pegarles una patada a los cubos y tirar toda el agua por el suelo.

  • El primer caso, puede ser un perro con fuerte instinto de persecución que no lo sacia (ni se le refuerzan conductas alternativas) y persigue todos los coches que ve.
  • El segundo, es un perro que ha trabajado control y autocontrol mediante obediencia y ejercicios y, además, su guía ha reconducido/saciado parte del instinto (esto es importante) hacia el juego con pelota.
  • El tercero, es un perro con graves carencias y un fuertísimo instinto de caza que se ha soltado de la correa y ha perseguido y matado tres gatos en una mañana al llevar el instinto de caza hasta el final.

Ahora… los puntos conflictivos:

El problema principal es que tú no siempre tienes “cubos” y, cuando los tienes, no siempre son del mismo tamaño. Aquí entran en juego las herramientas que has podido ofrecer al perro y tus conocimientos para gestionar y manejar a ese animal y las situaciones cotidianas que se te presentan.

Tampoco cae el agua igual para cada perro con tres goteras, sino que los hay que llenan los cubos en 3 horas, como un border collie, y otros que podrían necesitar 3 años, como un pug. ¿Significa esto que el carlino no tiene necesidades instintivas? Bueno… no, pero, en comparación, nada tienen que ver con las que pueden requerir otros perros.

Control de impulsos: patinetes, bicicletas, motos, coches, personas en movimiento…

Control de impulsos es una etiqueta (un marcador: un constructo psicológico). Solo eso. La ansiedad, la frustración, la tolerancia, el control de impulsos nos permiten encapsular una idea, pero ¿qué entendemos para decir que un perro no controla sus impulsos?

  • ¿Veríamos normal que un perro no persiga objetos en movimientos? ¿O lo que nos molesta es que persiga algunos objetos en movimiento?
  • ¿Nos parecería “adaptado” que no “persiguiese” una pelota o un mordedor mientras jugamos con él?
  • En el parque para perros, ¿sería lógico que NO persiguiese a otro perro durante el juego que emula la caza?

¿No, verdad? Somos nosotros quienes marcamos esa delgada línea que los perros no siempre pueden ver. De nuevo, entender esto, no resuelve el problema, pero ayuda a poner un poco de distancia: a comprender que la diferenciación no es tan simple como puede parecer a simple vista y que tocará explicar y reforzar las conductas que queremos mantener y extinguir aquellas que no.

Para esto, existe una larga lista de situaciones a trabajar, pero todas ellas empiezan por tres puntos clave:

  • Un buen vínculo, sobre todo, y, si me apuras, una obediencia básica (para marcar límites)
  • Ofrecer conductas alternativas: lo que SÍ que puede hacer el perro en esa situación o ante ese estímulo
  • Saciar los instintos asociados para facilitar este aprendizaje

Generar conductas incompatibles con la persecución

En la educación canina en positivo con perros con fuerte instinto de caza, por regla general, desensibilizamos y contracondicionamos (siempre que no nos interese mantener y dirigir ese instinto hacia el deporte, por ejemplo), por un lado, y creamos conductas operantes alternativas por el otro.

Saciar instintos - Mi perro persigue...

¿Qué hacemos si nuestro perro persigue… cosas en movimiento?

Lo repetiré abajo, pero dependerá del caso, del instinto, del perro y de muchos otros factores, por lo que esto son unas líneas generales y no una solución definitiva a una modificación de conducta.

Para entender esto, vamos a ver tres conceptos distintos: habituación, desensibilización y contracondicionamiento.

Habituación

La habituación se refiere al proceso por el que, ante un estímulo repetido, la respuesta es cada vez menos intensa. Es la forma más primitiva de aprendizaje.

Hablamos de «habituación» cuando el estímulo al que se enfrenta el perro (un ruido leve, el bozal, un transportín, el primer día de collar para el cachorro…) no tiene ninguna asociación previa. «Ninguna», ni buena ni mala.

Aquí nuestro trabajo es acostumbrar al perro a ese estímulo, que, de momento, es neutro, y mantenerlo como algo neutro (no supone nada) o positivo. El medio más sencillo es asociarlo a consecuencias agradables (técnicamente, esto deriva hacia la positivización, pero impide asociaciones negativas también), midiendo muy bien la sensibilidad de cada perro, ya que, a menudo, queremos acostumbrar al perro a herramientas “incómodas” o “antinaturales” para él: correa, aspiradora, coche…

Desensibilización

Reducción de las respuestas de ansiedad y las conductas motoras de evitación ante determinados estímulos.

Al contrario que cuando hemos hablado de «habituación», desensibilizar implica que hay «algo» que causa una sensibilidad. Esto es, repitiendo las mismas circunstancias anteriores: el ruido me da miedo, el bozal me molesta, el collar me hace daño, la pelota me pone a mil revoluciones…).

Los procesos de desensibilización, por regla general, se asocian a procesos de contracondicionamiento o desensibilización sistemática. En este caso, hablaremos, principalmente, de contracondicionamiento.

Contracondicionamiento

Técnica psicológica desarrollada desde la orientación conductual que consiste en eliminar una respuesta indeseada y sustituirla por otra más apropiada mediante la utilización de estímulos agradables.

El contracondicionamiento tiene una base sencilla: se presenta al perro ante el sujeto o la situación que provoca la reacción, pero entonces se presenta otro estímulo positivo (como puede ser la comida o un juguete). El resultado es que el perro establece una nueva asociación en la que el estímulo que antes era negativo se convierte en precursor de algo positivo.

Para ello, jugamos con que el perro pueda atender al nuevo estímulo que vamos a asociar, la distancia y el tiempo de exposición. Por regla general, esto se resume en 3 Ds: distracción, distancia y duración.

Si nuestro perro persigue “cosas”, con probabilidad se habrá dado un proceso de sensibilización (o es posible que, como no saciamos instintos, se busque su propio trabajo, pero está vinculado a lo anterior), por lo que resulta interesante preparar un trabajo de contracondicionamiento y ofrecer alternativas de más valor (conducta operante o conducta incompatible).

Varios ejemplos (simplificados) de lo que podemos hacer:

  • Tobby persigue coches al salir a la calle. En un primer lugar, trabajamos con distancias, tiempos y reforzadores (frankfurt, por ejemplo, para no romper mitos de educación) y premiamos al perro cuando ignora el estímulo. Poco a poco, vamos reduciendo la distancia y aumentando el número de estímulos.
    • Otra opción, puede ser trabajar unas buenas posiciones y, mediante la obediencia, exponer de forma controlada al perro a los estímulos y premiar conductas alternativas (e incompatibles). De este modo, si cuando pasa un coche, te tumbo: no puedes perseguir al coche y aprendes que, tumbándote con un coche pasando, te llevas un montón de premios. Así, estamos creando una conducta (operante) alternativa y, a la vez, desensibilizando y contracondicionando.
    • En paralelo, vamos a crear juego estructurado con el perro con un mordedor o una pelota. Cuando expongamos al estímulo, nos aseguramos, inicialmente, que no pueda llegar a este y empezamos a jugar con el perro en presencia del estímulo. Si calculamos correctamente la distancia, el tiempo y la intensidad de cada acción, deberíamos poder mantener conectado al perro con nosotros.

Teoría =/= perros reales

En cualquier caso, estamos hablando de “teoría” y no de perros concretos, y deberíamos analizar cada caso en particular. Por ejemplo, habrá (muchos) perros que la excitación del juego o el estímulo (coche, ciclista, gato) suponga un valor difícil de emular con comida o juego, por ejemplo, y es nuestra responsabilidad hacer una buena gestión del paseo. Una pauta de acción modal es inherente a la especie y varía en función de las circunstancias y del individuo.

A continuación, voy a explicar en formato muy resumido, qué haría yo en casos estándar de persecución. Por descontado, sin realizar un análisis funcional de la conducta y valorar al perro, esto tiene poca base científica, pero puede ayudar a que te hagas una idea general.

¡Mi perro persigue a mi gato!

En la mayoría de los casos, un perro que persigue a un gato lo hace por la activación del instinto de caza. Los gatos suelen escapar corriendo, lo que refuerza esta fase de persecución. Nunca debemos restar importancia a esta acción, ya que la caza tiene múltiples fases, pero acaba donde acaba.

  • Puedes acostumbrar a tu perro a la presencia de gatos desde cachorro
  • Si esto ya no es viable, es importante que controles a tu perro con herramientas adecuadas (correa, arnés, etc.)
  • Puedes plantearte un contracondicionamiento u otras técnicas de desensibilización para reducir la aparición de la conducta
  • Intenta no exponer para evitar frustración y, sobre todo, toma precauciones para que la conducta de caza de tu perro no llegue hasta el final
  • Sacia instinto con actividades relacionadas

Para la caza predatoria y los perros especialista, este artículo de Zooplus (generalista) sobre controlar el instinto de caza me parece muy interesante. No estoy de acuerdo en todo, como la práctica de una llamada de emergencia o el agotamiento físico para trabajar el ‘control de impulsos’, pero sí permite una visión bastante amplia del tema.

¡Mi perro persigue palomas!

En estos casos, yo suelo trabajar por desensibilización sistemática o por contracondicionamiento, depende del caso. Si el perro no ha reforzado mucho la conducta, resulta sencillo empezar a exponer en contextos cada vez más complejos y dar salida antes de que aparezca la conducta.

Asimismo, con pájaros (con aves, es distinto), muchos perros no muestran el mismo instinto o lo hacen con niveles más bajos de activación, por lo que resulta un ejercicio sencillo e interesante para iniciar con perros que necesitan controlar el instinto de caza con varios estímulos.

Mi perro persigue moscas, sombras imaginarias o su propia cola

En estos casos, te recomiendo siempre que recurras a un veterinario y a un etólogo clínico. Este tipo de conducta no tiene que ver con el instinto de caza, sino con trastornos neurológicos o conductas obsesivo-compulsivas asociadas a estados ansiógenos y estereotipias.

Se trata de un indicador de falta de bienestar y debería tratarse con la importancia y la rapidez que requieren estas situaciones, a menudo vinculadas a aburrimiento, poca estimulación mental, problemas orgánicos o neurodegenerativos o contextos aversivos.

Conclusiones: mi perro persigue… de todo

Como ves, en la mayoría de los casos, la persecución se asocia al instinto de caza. No siempre tiene por qué ser así, pero es lo más habitual.

Resulta muy importante entender cómo entendemos que una conducta es adaptada o no lo es (que no tiene nada que ver con conducta funcional: cualquier conducta que se mantiene es funcional). En los problemas de “mi perro persigue” suelen entrar cuestiones como el “liderazgo” (que no la dominancia), el sedentarismo, las necesidades instintivas del perro, la genética o el historial de aprendizaje y reforzamiento.

Este es, quizá, uno de los temas más complejos con los que lidiar, por lo que no te dé reparo contar con profesionales de confianza con los que trabajar y modificar esta conducta y las premisas asociadas. Tampoco te tomes estas líneas como una Biblia, porque no lo es; me he dejado mil cosas por explicar (pese a la extensión) y hay muchas otras que podríamos discutir largo y tendido. Se trata de un artículo generalista con puntos a tener en cuenta para empezar a poner bajo control el instinto de caza (desadaptado), ni más ni menos.

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